Renta vitalicia (1,5 veces el salario mínimo interprofesional) más 450.000 euros, por retraso diagnóstico de un tumor

El Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana estimó la demanda presentada por D. Rafael Martín Bueno, al considerar acreditado que “de haberse detectado el tumor cuando aparecieron los primeros síntomas del mismo y no cuando ya se había producido la pérdida de visión, la resección total hubiese permitido que no existiesen tales secuelas, concluyendo, por ello, que existe una relación de causalidad entre el tardío diagnóstico del tumor, por un mal funcionamiento de la asistencia sanitaria, al no emplear los medios diagnósticos procedentes ante los síntomas que presentaba la enferma y las secuelas que padece”

 

Los hechos ocurrieron de la siguiente forma:

 

En 1998, cuando la pequeña tenía 8 años, comenzó a presentar tensión alta, lo que motivó las consultas constantes al Servicio de Pediatría.

Posteriormente apareció fiebre y vómitos, siendo diagnosticada de gastroenteritis.

El 3 de febrero de 2000 fue atendida en el Servicio de Atención Primaria al presentar vómitos matutinos, cefalea frontal de larga evolución y pérdida de apetito, remitiendo a la paciente al especialista en Psicología por sospecha de anorexia.

Finalmente, el 30 de septiembre de 2000, el Servicio de Oftalmología detectó un defecto pupilar, al presentar pérdida de visión en el ojo derecho. Una TAC craneal mostró la existencia de una masa con hidrocefalia obstructiva, siéndole diagnosticado un astrocitoma pilocítico de cerebelo, por lo que el 6 de octubre de 2000 fue intervenida quirúrgicamente para su extirpación.

Tras la intervención, presenta secuelas irreversibles consecuencia del grave deterioro que sufrió el sistema nervioso después de haber estado sometido, tanto tiempo, a hipertensión craneal y edema.

 

La Sala del Tribunal Superior de Justicia de Valencia concluyó que la atención recibida a partir del 30 de septiembre, cuando fue detectado el astrocitoma pilocítico de cerebelo, fue correcta. Sin embargo, los síntomas que presentaba la menor con anterioridad hacían sospechar la presencia de un tumor, por lo que se debió de realizar, al menos, una prueba diagnóstica tan simple como el fondo de ojo.

 

Todo ello fue valorado por la Sala en una indemnización de 300.000 euros a la niña, por las lesiones y daños morales, junto a una mensualidad vitalicia equivalente al salario mínimo interprofesional más el 50%, 50.000 euros para adecuación de la vivienda y 100.000 euros, por daños morales, para los familiares.