¿Qué es el Test de Apgar?

El test de Apgar es una prueba para evaluar el estado del bebé después de su nacimiento.

Sirve para determinar si el recién nacido necesita ayuda médica adicional o de emergencia.

¿Qué evalúa el Test de Apgar?

Esta prueba tiene en cuenta cinco factores que se consideran importantes para la salud del bebé. Las iniciales de estos puntos dan nombre al test.

  1. Aspecto: Referente al color de la piel. Si se percibe zonas azuladas o tiene una tonalidad normal.
  2. Pulso: Se comprueba la frecuencia cardiaca. Superior o inferior a 100 latidos por minuto
  3. Irritabilidad: Es la respuesta refleja del niño. En inglés la palabra es ‘Grimace’
  4. Actividad: Estado del tono muscular.
  5. Respiración: Mide cuál es el ritmo respiratorio y si se hace esfuerzo respiratorio.

Estos factores se puntúan con un 2, 1 y 0. El 2 es la máxima puntuación y refleja normalidad. En cambio, el 0 representa la ausencia de ese factor, y es más preocupante.

Para calcular el total se suma la puntuación de los distintos factores. El máximo que se puede alcanzar es de 10. Si el bebé obtiene 7 puntos o más, se considera que está dentro de la normalidad. Una puntuación inferior puede significar que el recién nacido necesita algún tratamiento médico inmediato.

El test se repite 5 minutos después. Si la evaluación es baja y no mejora o los sanitarios valoran que el estado no es el adecuado, se tratará al bebé.

¿Qué relación tiene con las negligencias médicas?

En los casos de negligencia médica se usa este indicador para señalar que el niño al nacer no tenía condiciones normales.

Ya fuera por una hipoxia antes o durante el parto, por un monitor de falta de bienestar que pasó desapercibido o por una mala praxis en el momento del nacimiento, el recién nacido muestra valores por debajo de la normalidad.

Como ejemplo, os enseñamos cómo queda reflejado en las sentencias:

Rafael Martín Bueno es un abogado experto en negligencias médicas. Principalmente, en casos de partos. Ha conseguido la mayor indemnización de España (3.300.000€) en el caso de un niño que, por mala praxis, sufre una parálisis cerebral.

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